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¿Cómo se forma la celulitis?
El cuerpo humano es una de las máquinas más hermosas y funcionales que se hayan jamás diseñado. Es piel y huesos, nervios y músculos, sangre y órganos, todas trabajando simultáneamente bajo la dirección de ese brillante, misterioso e inigualable computador que es el cerebro.
Cada una de sus partes tiene una función definida en el esquema total de la vida. Nosotros nos vamos a abocar a sólo uno de los aspectos de ese esquema: el tejido conjuntivo.
Todos los músculos del cuerpo se hallan cubiertos por un acolchado formado por tejido conjuntivo y grasa. Este acolchado, que varía en su espesor, es el encargado de darle la suavidad característica a las líneas femeninas. El tejido conjuntivo está integrado fundamentalmente por una especie de red de sostén en la que se ubican las células adiposas. Circulan constantemente entre ellas los líquidos nutritivos: agua, sangre y linfa. Estos líquidos contienen el oxígeno y las sustancias nutritivas indispensables para la piel y también limpian a los tejidos de toxinas. La libre afluencia de los líquidos asegura el mecanismo de intercambio entre las células y el medio que las rodea. Cuando el proceso de eliminación de toxinas se hace más lento, algo cambia en las zonas propensas a la celulitis. El tejido conjuntivo, saturado de agua y toxinas, se espesa, endurece, y se forman los típicos pozos y grumos, recordando a la superficie de una gruesa cáscara de naranja, esa textura tan característica de la celulitis.
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